¿Comunidad o burocracia? El desafío del liderazgo directivo para el ciclo 2025-2026
El Pizarrón Crítico: Análisis de fondo
La Secretaría de Educación Pública ha presentado las orientaciones para directivos y supervisores de cara al ciclo escolar 2025-2026, centradas en la premisa de «Hacer comunidad para mejorar juntos». A través del documento oficial disponible en la plataforma oficial de la SEP, se nos invita a transitar de una gestión jerárquica a una basada en comunidades profesionales de aprendizaje. ¿Es este el cambio de paradigma que la escuela mexicana necesita o es una utopía pedagógica?
Pilares del nuevo modelo de gestión
El marco propuesto se asienta sobre cuatro ejes transversales que pretenden redefinir la función directiva y la dinámica del Consejo Técnico Escolar (CTE):
- Confianza en el colectivo: Se propone como el sustrato necesario para la transparencia profesional. Sin un espacio seguro, la autocrítica es imposible.
- Trabajo colaborativo: Más allá de repartir tareas, implica identificar y capitalizar las capacidades individuales de cada docente.
- Liderazgo distribuido: Un giro hacia la autonomía docente, donde el director deja de ser el emisor único de instrucciones.
- Diálogo y reflexión: El CTE debe abandonar el formato informativo para convertirse en un foro de deliberación pedagógica real.
La Realidad Escolar
Al contrastar esta visión con el día a día en las escuelas de México, surge una tensión innegable. ¿Cómo construir confianza en colectivos saturados por la carga administrativa? Mientras la teoría sugiere un liderazgo horizontal, la realidad impone a los directivos una cantidad abrumadora de requerimientos de control, estadística y reportes que, frecuentemente, los obligan a actuar como gestores de trámites en lugar de facilitadores pedagógicos.
La brecha entre el ideal de la ‘comunidad profesional’ y la presión por la ‘evidencia administrativa’ es donde naufragan muchas de estas reformas.
Además, el modelo asume que existe el tiempo y la madurez profesional en todos los colectivos para la reflexión profunda. En escuelas con alta rotación docente, conflictos interpersonales añejos o infraestructura precaria, el llamado a la «horizontalidad» puede sentirse como una imposición externa más que como una oportunidad de crecimiento. Si el directivo no tiene autonomía frente a la jerarquía superior, ¿puede realmente otorgar autonomía a sus docentes?
La intención es loable, pero el éxito dependerá de si las autoridades entienden que no se puede construir «comunidad» desde la verticalidad de un oficio enviado por correo electrónico.
Para abrir el debate en nuestra comunidad de lectores, los invito a reflexionar: ¿Qué elemento administrativo es el que hoy más obstaculiza la creación de una verdadera comunidad de aprendizaje en su escuela? y ¿Es posible ejercer un liderazgo distribuido cuando el sistema exige resultados estandarizados de manera centralizada?