CTE: ¿Evaluación Formativa o un Cierre de Ciclo contra el Reloj?
El Pizarrón Crítico: Análisis de fondo
Llegamos a la última estación del ciclo escolar 2025-2026. La reciente emisión de las orientaciones para la Octava Sesión Ordinaria del Consejo Técnico Escolar, disponibles en el portal oficial de la SEP, nos invita a reflexionar sobre la consolidación de la Evaluación Formativa y el ejercicio de la autonomía profesional. Pero, ¿es este el momento ideal para una reconfiguración pedagógica de tal calado?
Desglose: La teoría detrás del cierre
El documento propone tres ejes rectores para esta sesión del 26 de junio de 2026: la evaluación desvinculada de la calificación, el balance crítico del Programa Analítico y la sistematización de experiencias. Se nos pide, mediante el apoyo de especialistas como Ángel Díaz Barriga, transitar hacia una retroalimentación bidireccional y una observación sistemática que sustituya el dato frío del promedio. Asimismo, se integran estrategias nacionales que van desde la salud comunitaria hasta la cartografía multigrado, buscando institucionalizar lo que el docente ya hace en la práctica diaria.
La Realidad Escolar: Entre el ideal y la carga operativa
Aquí es donde el Pizarrón Crítico debe poner el foco: ¿Es posible transformar un espacio de ‘cierre administrativo’ en una genuina Comunidad de Aprendizaje cuando el maestro mexicano enfrenta, al mismo tiempo, el cierre de expedientes, la carga de plataformas digitales, la limpieza de espacios educativos y la presión de las evaluaciones finales? Mientras la teoría dicta que el CTE debe centrarse en el diálogo y la reflexión, la realidad de muchos directivos en México es la urgencia de cumplir con los formatos exigidos por la supervisión antes de que suene el timbre de salida.
La autonomía profesional, eje de la Nueva Escuela Mexicana, se vuelve un concepto etéreo cuando no se acompañan estos procesos con una reducción real de la carga burocrática. ¿Estamos evaluando para mejorar el aprendizaje, o estamos documentando para llenar los anaqueles de una sistematización que a veces parece despegada de las carencias materiales de nuestras aulas?
¿Cómo podemos transitar realmente hacia una evaluación formativa, si el sistema educativo aún sigue premiando el resultado cuantitativo por encima del proceso pedagógico?
Colegas, el cierre de ciclo suele ser un ejercicio de fatiga. Reflexionar sobre nuestra práctica es vital, pero es menester cuestionar si el diseño de estas orientaciones reconoce el desgaste físico y mental de quienes sostienen el sistema desde el salón de clases.
¿Consideran que sus colectivos escolares tienen el espacio y la disposición real para realizar este balance reflexivo sin caer en el cumplimiento simulado? ¿Es la evaluación formativa una herramienta pedagógica factible en grupos de más de 30 alumnos bajo las condiciones actuales de infraestructura en México?